
Pedro Walpole, SJ Río +20 concluyó con un conjunto de débiles compromisos y el acuerdo de los líderes mundiales para lograr el “futuro que queremos” – que debería ser para todos. La sociedad civil está llamada a asumir un papel activo, aunque el proceso no es claro. Muchos coinciden en que los objetivos de desarrollo sostenible deben estar orientados a la acción, ser concretos y fáciles de comunicar. Para todo ello se necesita tener un buen conocimiento de las ciencias naturales y sociales que permita desarrollar una comprensión profunda de los desafíos globales. Sin embargo, un plan de acción de este tipo, necesita ser definido con más precisión y deber permitir también que se puedan ofrecer múltiples respuestas y no solamente una que sirva para todos. El resultado de Río +20 subraya la importancia de incluir la Ciencia de la Sostenibilidad entre las soluciones a los retos de sostenibilidad que enfrentamos. De una manera crítica, esta Ciencia de la Sostenibilidad desafía a la comunidad científica para que se fortalezca aún más su colaboración internacional y asuman más liderazgo contribuyendo con conocimientos necesarios para la transformación social. La organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura
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